desde este momento, no más hermanitos

foto: copasmenstrales.com

Tengo la regla, hay que decirlo más

Ayer me vino la regla, después de esos días previos en los que parece que el mundo se cae. Aprovecho para escribir estas líneas en un ejercicio de pertinencia y en honor a ella

Publicado: 2018-11-29

Estoy en mis días. Estoy mala. Estoy enferma. Me duele la tripa. Tengo el periodo. Estoy navegando con bandera comunista. Estoy con Andrés, el que viene una vez al mes. Existe un abanico de eufemismos para hablar (o más bien para no hablar) de la menstruación, denominador común y lazo de unión entre todas las mujeres.  

Pero no. Ni estamos malas, ni enfermas, ni ha venido a visitarnos Andrés. Tenemos la regla y debemos decirlo para hacerla visible, desestigmatizarla y salir de este complot patriarcal que censura eso que nos sucede a todas las mujeres, a la mitad de la humanidad, una vez al mes durante unos cuarenta años de nuestra vida.


La artista paquistaní Rupi Kaur mostró su menstruación en una serie de imágenes tituladas "Period" que  Instagram decidió censurar. Foto: Huffington Post

El tabú de la menstruación va más allá del lenguaje: comerciales de televisión donde se utiliza un líquido azul para comprobar la absorción de una compresa, la educación machista en muchas familias que desnaturalizan la regla hasta convertirla casi en pecado o imágenes reivindicativas de mujeres con manchas de sangre en sus pantalones que han sido censuradas en las redes sociales. Estos ejemplos y muchos mensajes más, que de forma directa o subliminal recibimos las mujeres desde la adolescencia, desembocan en esfuerzos por esconder los tampones en la manga camino al baño cuando estamos en un bar, en los ibuprofenos que tomamos para eliminar dolores menstruales y poder ir al trabajo o en citas rechazadas por vergüenza y temor a que nos descubran con sangrados.

¿Y si ellos menstruasen? 

Ir a un ginecólogo y que te recete ibuprofeno para el dolor menstrual o que te nieguen el descanso en el trabajo por la misma razón. Son estampas habituales en la vida de cualquier mujer que viva en una sociedad capitalista avanzada. Pero, ¿cómo sería una sociedad organizada desde la salud femenina, desde el cuidado y desde nuestras necesidades biológicas de descanso, placer o actividad?

Sin entrar en tendencias conspiranoicas, no es descabezado sospechar que si los hombres tuviesen la regla, el sistema laboral productivo sería diferente. Tal vez se hubiese investigado más acerca de la menstruación (y de la menopausia) o tal vez la sociedad se hubiese armonizado más con sus necesidades, en lugar de ser ellos quienes tuviesen que adaptarse a las necesidades del mercado.

Fantasías a un lado, tal y como sostiene Alicia Domínguez, especialista sanitaria, psicóloga y autora del blog Üteropías, a las mujeres que trabajamos en el mercado productivo, se nos plantea una dicotomía cruel: elegir entre ir a trabajar con dolores menstruales y aguantar la jornada a base de medicamentos que solo anestesian los síntomas o enfrentarnos a que no nos quieran contratar.

En una tentativa de salir de esa emboscada, el año pasado Italia abrió el debate sobre la "baja menstrual" o el "permiso por menstruación" para mujeres trabajadoras. Un proyecto de ley presentado por cuatro legisladoras del Partido Democrático (Romina Mura, Daniela Sbrollini, Maria Iacono y Simonetta Rubinato) propuso obligar a las empresas a conceder tres días al mes de permiso remunerado a las empleadas que sufran dismenorrea o dolor menstrual. La propuesta, que en Japón la contempla como derecho desde 1947, presenta sin duda un avance en políticas feministas y un beneficio para las trabajadoras. Sin embargo, también le han llovido críticas porque podría repercutir en un descenso de contrataciones femeninas, muy esperable de un sistema empresarial mercantilista y patriarcal.

Necesitamos educación sexual feminista

Toda mujer recuerda con más o menos lucidez el día en que le vino la regla por primera vez. Qué hacer, cómo limpiarse, cómo contarlo o si callarlo. Un frenesí. Cada una y su historia es única, pero la respuesta que muchas recibimos en mitad de ese desfiladero de emociones suele parecerse a esta: “Ten cuidado, a partir de ahora te puedes quedar embarazada". Nadie te advierte sobre los cambios hormonales que vas a empezar a sentir, tampoco te guían para aprender a gestionarlos y rara vez te hablan de dolores menstruales y de formas para prevenirlos. 

La mísera educación sexual que reciben los niños, niñas y adolescentes, tanto en la escuela como en muchas familias, carece de enfoque de género y deja de lado muchos temas centrales para las mujeres, como el placer femenino o la menstruación. Así, es la industria de higiene femenina y las empresas que lucran con los métodos anticonceptivos femeninos quienes llenan este vacío y lideran la educación sobre la regla, de forma que solo abordan la cuestión desde la parte médica y farmacológica, sin tener en cuenta factores biológicos o emocionales. Nos hablan de compresas, de tampones, de pastillas anticonceptivas, de parches, de dispositivos intrauterinos o de ibuprofenos y naproxenos para los cólicos, pero no nos cuentan que un buen orgasmo, por las endorfinas que se liberan y las contracciones que se producen, es el mejor analgésico para el dolor menstrual. Un ejemplo ilustrativo: muchas mujeres suspenden las relaciones sexuales y la masturbación durante los días de regla, en lugar de experimentar, escucharse y comentarlo con naturalidad con la persona con la que se mantiene el encuentro sexual. 

LA MARCA BRITÁNICA BODYFORM SACÓ EN 2017 EL PRIMER ANUNCIO QUE MOSTRÓ LA REGLA TAL Y COMO ES

Otro punto que ignora por completo la escasa educación sexual que recibimos desde la infancia es que las mujeres no somos lineales, sino cambiantes. En ocasiones, por esta ausencia en la formación que recibimos sobre la menstruación, llegamos a creer que estamos locas o que somos inestables, cuando lo único que sucede es que no nos conocemos, no asimilamos que tenemos etapas propias del ciclo menstrual con características colectivas que se personalizan en cada una de nosotras. El desconocimiento y la falta de investigación científica acerca de las etapas del ciclo menstrual y de cómo estas nos afectan han llegado, por ejemplo, a que terminemos llamando "síndrome" a la fase premenstrual.

"Tienes razón. No estás loca, eres cíclica. Y ser cíclica, en esta sociedad, duele. Al menos tres días de cada ciclo son un verdadero infierno. Sin embargo, la menstruación no es el problema. Tú no eres el problema. El tabú menstrual corretea por nuestro cuerpo y domina aún en nuestras bragas. Carecemos de conocimientos desde donde explicar nuestra realidad. Vivimos en la periferia de nuestro cuerpo". Así se define en en su web el proyecto de educación menstrual 'El Camino Rubí', creado por la investigadora y pedagoga Erika Irustra, fundadora a su vez del proyecto 'Soy1soy4', la primera red social sobre el ciclo menstrual que merece el halago de todas y que brinda herramientas para ayudar a comprendernos, a querernos y a aceptarnos como cambiantes y únicas.

Alumbrar el túnel está en nuestras manos. Nombrar la regla, pedir permiso en el trabajo por dolores menstruales, educar a las parejas en la menstruación o poder libremente y sin pudor masturbarse o mantener relaciones sexuales durante los días de sangrado. Menstruar, en definitiva, sin dolores, sin vergüenza y sin tabúes son actos de rebeldía. Acciones necesarias para reconciliarnos con nuestra regla y convertirla en una amiga para toda la vida. O al menos para los próximos cuarenta años.


Escrito por

Maialen Mangas

Periodista. Bípeda, implume y miope. Me pregunto cosas. Suelo escribir.


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